Cara a cara
T1, E4: La opinión pública está dividida. A través de las redes sociales y de la televisión los hermanos de Dante descubren que su hermano es el sospechoso del triple crimen del autocar. Para contrarrestar el artículo de Leyre, la policía lanza un comunicado retratando a Dante como un criminal y prófugo de la Justicia. Dante reposta en una gasolinera y el cajero lo reconoce, pero opta por encubrirlo. Finalmente acaba acorralado en un control policial. Agentes armados se disponen a detener a Dante, pero los civiles que presencian la escena se rebelan y, gracias al barullo, Dante consigue escapar. Fran y Rebeca consiguen acorralarlo dentro de un palmeral. Dante les despista y acaba apuntando a Rebeca con una pistola. Dante aprovecha ese momento para confesarles que los pasajeros han mentido: él no mató a nadie. Tras la confesión Dante escapa de nuevo lanzándose por un precipicio. Nadie sabe si ha sobrevivido. Fran le plantea a la comisaria Jordán la posibilidad de que Dante haya dicho la verdad: los pasajeros podrían estar mintiendo. Rebeca, que también escuchó la confesión, de Dante opina que les ha mentido para salvar su vida y para que dejen de perseguirle. Jordán también opina que Fran ha cometido un error y que, en su huida tendrían que haberle disparado. Cuanto más tiempo dure el caso, más se pondrá la opinión pública en contra de la policía. Fran cree que deben volver a interrogar a los pasajeros para que cuenten la verdad de lo que sucedió en ese autobús, pero Jordán dicta sentencia: los pasajeros vuelven a sus casas y Dante Bazán es oficialmente el asesino del autobús. Fin de la historia. Una vez firmada la liberación de los testigos, Matías, el conductor del jeep en el que debían huir los atracadores, se entrega a la policía junto a su novia y confiesa a Fran que ha habido más atracos como el del autobús. También cuenta algo que cambia el rumbo de la investigación: Dante Bazán bajó del bus antes de los disparos. Sea quien sea, el asesino es uno de los testigos.
