Teatro
T1, E5: Tras la confesión de Matías, Fran quiere impedir que los testigos salgan de comisaría. En la calle, la prensa espera ansiosa que los testigos salgan libres. Fran – con Rebeca – consigue frenar su salida y los conduce hasta el hangar donde guardan el autobús en el que sucedió todo. Fran, a la fuerza, obliga a los testigos a subirse dentro del autobús para recrear el atraco, intentando descubrir si hay alguna contradicción en lo que han contado. Ante la presión, los testigos se desmoronan y admiten que no contaron la verdad. Elisa, quien siempre defendió el pacto de silencio, no puede sostener la presión y termina por confesar la verdad… El atraco sucedió tal y como les habían contado: los atracadores les amenazaron y vaciaron sus cuentas. Entonces, como dijeron, Dante se levantó, les quitó una pistola y amenazó a los atracadores. Sin embargo, nunca disparó. Lo único que quería Dante era recuperar sus pertenencias antes de que la policía llegase, y escapar. Y así lo hizo. Tras hacerse con el control de la escena solo pensó en él y dejó al resto de los pasajeros a su suerte. Dante, muy lejos de ser un héroe, es un egoísta y un cobarde. Después de que Dante bajara del autobús, hubo un forcejeo entre todos que acabó con dos de los atracadores muertos y las armas en posesión de los pasajeros. La atracadora que había sobrevivido, muy afectada por la muerte de sus compañeros, les dejó muy claro que se vengarían de lo sucedido y dedicaría su vida a ello. Así, movidos por el miedo, y bajo la batuta moral de Elisa, los seis del pasaje decidieron ejecutar a la última atracadora para que no pudiera cumplir su amenaza. Eso les convierte a todos, en mayor o menor medida, en responsables de los asesinatos. Para evitar ir a la cárcel, se pusieron de acuerdo en culpar a Dante.
