A cada quien su santo
Viviana, primera bailarina, vive en diálisis y pierde la esperanza de un riñón compatible. Su madre Andrea busca a su hija gemela robada, Silvia, que creció como Tania sin conocer su origen y siente inexplicables dolores. Tras un malentendido con su prometido, el destino lleva a Tania a descubrir a Viviana; su reencuentro culmina en un trasplante de su propia hermana.
